Las democracias deben tomarse en serio la política industrial
La tesis central del texto es que las democracias no pueden seguir actuando solo como “árbitros” de los mercados si quieren competir en sectores estratégicos. El artículo apunta a una pérdida de terreno frente a países que aplican políticas industriales más activas: en Europa, afirma que se pierden miles de empleos cada mes cuando empresas chinas superan a rivales de la UE en vehículos eléctricos, paneles solares, turbinas eólicas, farmacéuticos, biotecnología y, cada vez más, inteligencia artificial “implementable”. Con base en el Índice de Percepción de la Democracia (encuestó a 94.146 personas en 98 países), señala que la mayoría vincula la democracia con bienestar y nivel de vida. Para responder, propone redescubrir la política industrial mediante incentivos fiscales, aranceles, subvenciones, I+D, formación e infraestructura, citando casos como Singapur, Japón, Taiwán, Corea del Sur, China y ejemplos occidentales como Francia y Finlandia tras la Segunda Guerra Mundial.







