Que no se prohíbe es obligatorio
“Que no se prohíbe es obligatorio” articula una reflexión de mercado sobre cómo la volatilidad puede comportarse como resultado de mensajes y decisiones de la autoridad política. En el texto, Enrique Jardiel Poncela define dictadura como “lo que no está prohibido es obligatorio”, y el autor utiliza esa idea para contextualizar un entorno donde los mercados—especialmente los bursátiles—parecen moverse siguiendo el arbitrio del “líder supremo”, con subidas y bajadas comparadas con una montaña rusa. Se plantea que, en el momento descrito, la atención se centra en Oriente Próximo como variable principal, con derivadas contrapuestas entre petróleo y bolsas: si el conflicto se calma, el combustible baja y las acciones tienden a subir; si escala, el efecto se invierte. El enfoque contrasta el impacto en inversores a corto plazo frente al “largo plazo”, que observan oscilaciones por la volatilidad, mientras la asignación de ahorro a renta variable se mantiene como práctica.






