Comepipas | Ideal
En el UD Almería Stadium, un ritual se repite cada domingo: Ramón no mira el partido como el resto. Lleva una bolsa de pipas y las va masticando con un método hipnótico durante los 90 minutos. Entre jugadas, regates y errores defensivos, Ramón permanece ajeno a la épica del césped: su atención está en el tictac de las cáscaras, que se convierten en una rutina para sobrellevar la ansiedad. El texto sugiere que las pipas funcionan como un “ansiolítico vegetal”, al mantener ocupada la boca y evitar que el enojo se desborde en quejas al árbitro o tensión física. La afición, normalmente silenciosa, rompe el rumor de cáscaras cuando hay goles y peligro en las áreas. Al final, el suelo queda cubierto, como un mapa de lo que Ramón “no explota”: una forma de sobrevivir al partido cáscara a cáscara.






