El Mundial pone a prueba a sedes afectadas por estrés hídrico y sequía
El Mundial pone a prueba a sedes afectadas por estrés hídrico y sequía al disputarse en regiones del norte de México y Estados Unidos con presión previa sobre acuíferos, por sobreexplotación, aumento de temperaturas y demanda creciente. El torneo, que busca superar récords, enfrenta impactos negativos: un estudio citado por EFE, “FIFA’s Climate Blind Spot” del New Weather Institute, prevé emisiones por más de 9 millones de toneladas de CO₂, atribuidas también a la expansión de sedes, partidos y selecciones. Aunque el reparto geográfico dispersa parte de la demanda de agua, el mantenimiento de césped natural requiere “uno de los principales gastos del agua”. Antes del Mundial, 8 de los 16 estadios usaban césped artificial, pero se cambiaron por exigencias FIFA. Expertos como Timothy Kellison señalan que el volumen es manejable, pero advierten que ciudades como Los Ángeles podrían necesitar para 2050 cinco veces más suministro del disponible hoy. Como mejora, no se construyeron estadios nuevos; el CEO interino de la Green Sports Alliance, Michael Kraus, defiende que lo más sostenible es lo existente.





