Las ciudades sede están recibiendo con los brazos abiertos a los atletas de la Copa del Mundo
Las ciudades sede del Mundial están reforzando el vínculo entre el turismo local y la afición internacional, como muestra el caso de Greensboro, donde Noruega aterrizó este mes y disparó una bienvenida comunitaria. Riley Sealander, un barista de 26 años de Carolina del Norte, no promueve a Estados Unidos: viste una camiseta personalizada de Noruega y decora su trabajo con los colores rojo, blanco y azul. Desde que los equipos comenzaron a trasladarse a Estados Unidos a inicios de mes, la presencia europea impulsó un “romance” cultural entre aficionados comunes. En Greensboro, bares deportivos y fachadas se llenaron con banderas noruegas, y cerca de 20.000 seguidores buscaron entradas para un entrenamiento abierto al público. La sede del equipo montó una alfombra roja y se informó que el fletán llegó en avión para el plantel y fue preparado en una barbacoa local. Historias similares se observaron en sedes como Boston, Kansas City y San Francisco.




