Todos tenemos un ombligo
El artículo “Todos tenemos un ombligo” usa el tema del ombligo para una reflexión cultural y satírica sobre la exhibición del cuerpo y la libertad de expresión. El texto parte de una referencia a Pedro I, “El Mentiroso”, quien se habría marchado a Londres en un avión oficial de ochenta plazas por un par de días, para luego centrarse en el debate: no defiende impedir que la gente muestre el ombligo, pero sí plantea que el ombligo “no es guapo” y que puede considerarse poco estético. Se citan ideas griegas sobre Delfos como “centro” y menciones hindúes sobre el ombligo como depósito de energía, contrastándolo con una visión higiénica. También se compara la atención social hacia el ombligo con la del “ojo del culo” de Quevedo. Finalmente, concluye que todos tienen una opinión y un cuerpo, pero la exhibición no es obligatoria.




