Reducción de jornada, ¿el fin de la presencialidad?
Un debate creciente sobre la inteligencia artificial está poniendo en cuestión cómo las empresas miden el trabajo, especialmente cuando la “presencialidad” se ha usado como proxy de productividad. En una columna, el autor recuerda que en firmas legales la permanencia en la oficina y la disponibilidad eran señales habituales de compromiso. La IA, en cambio, puede realizar en minutos tareas que antes tomaban horas: analizar información, redactar, resumir datos y preparar presentaciones. Sin embargo, la evidencia no confirma una mejora automática y uniforme de productividad. Estudios de la OIT citados en el texto indican que los beneficios existen pero son desiguales. La tecnología no transforma organizaciones por sí sola: puede automatizar una tarea y mantener procesos innecesarios, por lo que la medición basada en presencia se vuelve menos defendible.







