La guerra invisible del Báltico: los drones de Putin miden la resistencia de Europa
La presencia sostenida de drones sobre el Báltico ha convertido una amenaza aérea en una prueba de resistencia para Europa y para la seguridad de la región. Las incursiones violan el espacio aéreo, activan alertas antiaéreas y obligan a cerrar escuelas, interrumpir transportes y desplazar a familias y dirigentes a refugios subterráneos. Desde Vilna, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha buscado expresar con palabras contundentes la gravedad de la situación ante líderes de Estonia, Letonia y Lituania y ante la OTAN. Las autoridades coinciden en que estas operaciones no son fallos técnicos, sino una forma de guerra híbrida destinada a fatigarlas y desestabilizar democracias vecinas. El diagnóstico de Bruselas es claro: el objetivo es poner a prueba la cohesión y la resiliencia, pero la estrategia afronta límites. En respuesta, la Unión Europea aprobó un plan financiero sustancial de 12.000 millones de euros mediante el programa SAFE para fortalecer la defensa y la resiliencia regional. En Vilnius, el presidente lituano afirmó que los cielos del Báltico no son suficientes para ocultar la amenaza y que la solidaridad debe traducirse en acción concreta para la seguridad de la región.






