How an unexpected eruption created one of the wildest shorelines in the world
Heimaey, la isla que sirve como parada antes del regreso a Reikiavik en un crucero de 10 noches alrededor de Islandia, sigue marcada por el volcán Eldfell. La erupción de enero de 1973 amplió el área de la isla al crear campos de lava, y la lava llegó incluso al puerto, convirtiendo el acceso al refugio en una maniobra difícil. La guía Emilia Birkis Huginsdottir describió que la tierra “se abrió en la noche” y empezó a expulsar fuego y lava. Aunque enterró alrededor de 400 casas en lava y ceniza, el avance se detuvo antes de destruir la industria pesquera. En el desastre murió solo una persona: los barcos de los residentes estaban en el puerto la noche del evento, lo que facilitó la evacuación. En los meses posteriores, los habitantes y sistemas con bombas de agua intensificaron la lucha contra el flujo con agua de mar. El relato también destaca Vestmannaeyjar, el olor a pescado (“money smell”) y el paisaje donde hoy se observan aves marinas y ovejas islandesas, mientras la casa parcialmente enterrada permanece como recuerdo en Eldheimar, el “volcano museum of remembrance”.







